— Mama, ¿tú sabes dónde anda el Escalestri?
— Ay, pues… no sé, como no esté en el desván de la casa del medio…
— Voy a otear un momentico, a ver.
en mi residencia éramos de esta forma. Teníamos la “habitación del medio”, el arcón de “la portería que se baja”, y el “escalestri”. Éramos un poco arapahoes hablando, sí, empero nos lo pasábamos proporcionadamente. Sobre todo cuando montábamos en el mostrador aquel perímetro scalextric Gt 23 que año tras año sería tuneado por mis pad…, indulto, por los Reyes Magos, con señales y más rastras, con peraltes, cortapisas, puentes improvisados con urnas de cartón y, cómo no, con múltiples autos que se comportaban de un estilo genial para la mente de un niño de entre 6 y 10 años. Venían con aquel recinto dos ford Gt, aunque nadie de ellos guisa parte de mi serie; en un santiamén os apólogo por qué.
pero prístino lo frontal. Así como los vestigios de Héctor con el Scalextric tienen que notar con las rivalidades de slot, en mi albur el Scalextric en absoluto salió de vivienda. Mis anteriores regueros tienen que examinar con departamentos desmontados sobre la parcialidad del restaurante, neumáticos sueltos, madejas sueltas, unto de máquina de grapar, cables… todo hecho un follón del que eran máximos responsables mis monjes máximos y al que yo llegaba siempre con las gulas de entretenerse sin mucha más inquietud.
pronto aprendí a copular y apearse aquellos motorcillos, a purificar las escobetas, a metamorfosear todas las piezas… porque aquella era la única rutina de trabar un hueco para contender por uno de ambos carruajes que correrían. El transformador Tr 1 no daba para más. Y los vetustos interruptores A-215 de puño, siquiera. aquí podemos disfrutar estos elementos que a algunos os sonarán a extraterrestre, no obstante que para mí son un original vestigio de mi infancia arapahoe, aquella en la que todo se normalizaba. Incluso guardar una morada en el clima o un escaparate con una persiana que se bajaba.
pese a que en la “habitación del medio”, esa en la que dormíamos mis ñaños y yo, tuvimos colgado el póster de un Ford Gt40, los Gt de Exin no me llamaban mucho la atención. Se fabricaron en siete colores: albo, azur claro, azur oscuro, dorado, gualdo citrón, rojo oscuro y rojo claro. En morada tuvimos el azur claro y el rojo oscuro. Siempre me parecieron asaz de plastiquillo y todavía pesaban bastante, así que solíamos condenarlos al ostracismo… a no ser que alguno de los otros automóviles estuviera minado y nos diera por usar uno de estos, normalmente el rojo, que era más pintón. El azur se pasó muchas horas metido en la pajarera, con su aviador allí en el interior pensando qué debía haber producido mal para merecer aquel trato vejatorio.
como vemos aquí, el “ford Gt fue fabricado por Exin entre los años 1968 y 1978, y tuvo dos semejanzas distintas durante este periodo: C35 entre 1968 y 1972 y 4035 a nacer del año 1972”. Diría que los que teníamos nosotros eran de estos últimos, sin embargo no lo voy a asegurar ni. Mientras estuvo en extracción, gol el entramado como la carrocería fueron del mismo color, lo cual, en una residencia en la que los carruajes de Scalextric se pasaban la existencia sobre la tira de importaciones, era una jovialidad.
pero no, no iba a referirse yo de aquellos dos vitales, sino de tres carruajes que creo destacables. O al aparte mi relación y el vestigio cuasi onírico que conservo así lo creen. Empezaremos por el que a salvo me gustaba, luego que tenía su lugar, y ahora iremos aumentando en intensidad.
sigma
era exótico como él solo. De hecho, creo que el sigma únicamente existió en la mente de sus creadores… y en centenares de paraderos que lo compraron a partir de 1973, entre otro nuestra modesta circunspección arapahoe. Era un ejemplar de un monoplaza que se fabricó en tres colores: dorado, naranja y níveo. En residencia teníamos el de color nevado y, si admisiblemente se veía un poco grumo de polímero, a la práctica era el landó que mejor combinaba sus prestaciones con su diligente. No enamoraba tanto como el que viene en un santiamén, no obstante al a salvo lograbas hacer efecto vueltas y más vueltas sin preocuparte tampoco por derrapes tampoco porque tuvieras que empujarlo abismo debajo para que corriera.
confieso que desde aquellas tiernas existencias me quedé pensando qué puñetas de carruaje debía de ser aquel, y no encontrarlo en el espacio real siempre me pareció una patada a mi pureza. Pero el automóvil no tuvo la infracción. Se comercializó con el circuito Gp26 (1974), que era un perímetro en manera de folículo poco más pequeño que el Gt 23 que teníamos en morada y cuya comercialización arrancó en 1971. Pero, como ahora he parlado, mis generadores eran especialistas en ampliaciones, y no obstante estas eran en extremo surrealistas —de algún emplazamiento tenía que bombear yo mi carácter— pronto nos hicimos no únicamente con un circuitaco que casi daba para producir el Jarama, sino todavía con unos autos que no pegaban siquiera con goma entre sí, luego que también molaban.
mclaren M9a
oh, sí. El viaje que estabas de fortuna y pillabas el Mclaren, habías ganado como la gaseosa Dungil. Lo dicho: allí no pegaba tampoco con cola el M9a, si no era porque allí se podía apreciar de tú a tú con el supuesto Sigma. El mclaren M9a de Scalextric llegó en 1970 para procrear el prestigioso monoplaza abierto un año atrás en el Gran Premio de Inglaterra en lo que fue la revolución de la tracción total en las licenciaturas. Lastimosamente, el M9a de Scalextric era tan tracción zaga como todos los que había en la época, empero eso sí: tiraba como un rayo.
ligero y acelerado, lo incomprensible con el Mclaren era tocar las revueltas que nos emperrábamos en instituir al final de largas rectas. El furgón volaba sobre los raíles de la señal, y su susurro era en extremo característico. Se vendió con el circuito Gp50 (1970), que era un ocho medianito, y una sucesión que lo ponías en aquella señal frankenstiana te preguntabas por qué satanases los vagones de Scalextric tan solo sabían apresurar. Hala, a recogerlo otra oportunidad, por listo.
ford Mustang Dragster
¿surrealismo, lo de mis artífices? Surrealismo es poco. Concebido para el bojeo Gp 17, el ford Mustang Dragster era el terror... de la oficina del restaurante. Utilizarlo en señal era insensato, así que se pasaba todo el plazo parado, no obstante molaba disfrutar toda aquella pandeo elaborada para el discutible entretenimiento del drag. Sin incertidumbre, era lo más pasional de aquel deforme y ecléctico parking, y a mí me gustaba por todos sus detalles estéticos. Lo veía singular a todo lo demás, y eso me encantaba.
vale, cuando no teníamos otra cosa que actuar lo poníamos a virar y… era como si crujieran decenas de rodamientos. Hacía un abucheo que en aquel santiamén me resultaba incluso inaguantable. Como pesaba lo que no está escrito, al tener arcadas el llamador del reostato que incorporaba aquel viejo poder en guisa de mango el Dragster ahora se había detenido. Un muestrario corriente era acelerar y impedir, raptar y contener, a disfrutar quién hacía más escándalo de guijo, si el Ford Mustang Dragster o el muelle que había adentro del gobierno. Sí, cuando estaba pacífico el Dragster ganaba mucho.
— No. En el maletero de la morada del centro no está, teta. Joder con el Séptimo de Caballería… Seguro que se lo llevaron los primos cuando les dimos todo lo demás.
— ¿qué dices? Que con el llave de la gastronomía no te oigo.
— Nada, déjalo. Que inmediatamente estamos longevos. Vámonos al hospital, a comprobar cómo sigue el patata, va…
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En Motorpasión | los dos furgones seleccionados de Héctor Ares para Scalextric
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La referencia Los tres automóviles predilectos de Josep Camós para Scalextric fue publicada originalmente en Motorpasion por Josep Camós .
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