señores, estamos embocados a que en un futuro triunfen los coches autónomos. Antes o posteriormente, ese tiempo llegará y los vehículos automóviles serán eso cabalmente: aparatos que se moverán por sí mismos, en todos los sentidos: en el automotriz, sí, no obstante incluso en el referente a la circulación y, por tanto, en el que se base en la toma de decisiones.
ah, no obstante habrá situaciones en las que un utilitario autosuficiente no podrá sustituir de ningún modo al chófer experimentado. Como si llevara a cuestas una señal V-13 perpetua, la L verde en la corcova, el automóvil independiente se quedará amenazado en, al excepto, los subsiguientes eventos que nos garantizan a los pilotos de carne y callo un largo lejano a los botones de la máquina rodante.
1. Driblar al camión de la escoria o del baldeo
primera cosa que jamás hará un automóvil independiente por ti: orillar, driblar, rebasar por las buenas y como caiga al camión de la bahorrina o al camión del riego. El viaje que sea un auto partidista el que te lleve, preparáte para blandear todos tus músculos, tantear una sonrisa receta y vislumbrar cómo cae la granizada pedante sobre el parabrisas... o cómo penetran los tufos policías en el alojamiento. Gózalo.
2. Dejar el vagón en un vado para expugnar un café
si hay un placer que se van a extraviar los vagones autosuficientes como pilotos de sí mismos, es la decisión de anquilosar el periodo por un santiamén y aventajar a comer un café. Hoy en recorrido nos parece de risa lo de la relaxing cup of café con leche, empero es un esfuerzo que realmente corre el peligro de enviciarse para siempre en el periquete en que los carruajes tomen el cuidado de la vía. Cuidado.
3. Entrar a machete en una plazuela saturada
los vagones soberanos se mueven de manera tan perfecta, que son incapaces de infringir las exponentes de circulación. Ese es un compromiso que a ti, como piloto experimentado de carne y callo que eres, en absoluto te ha remilgado. Por eso, la conducción autónoma te hará inquirir el placer de revistar cómo pasan minutos y horas en determinadas ubicaciones para las cuales no hay más carta que la de la floresta. Ánimo.
4. Parar acá, que total, es un instante de nada
el viaje en que la conducción autónoma tome el cuidado del piso, ahora nos podemos venir despidiendo de los panes y caramelos. De hecho, el sindicato de repostería y bollería hace años que no duerme, tampoco de perplejidad tampoco de trayecto, ante la melodrama que supondrá que no haya un solo automóvil detenido en doble formación porque "paro acá, que total, es un tiempo de nada". Aunque el pan esté por fermentar todavía.
5. ¿pasar o no cruzar al carruaje de la panadería?
claro, que la cosa adquirirá tintes de apocalipsis griega cuando resulte que alguien decide obligar a su landó autosuficiente para, en realidad, ralentizar un momentito a acorralar el sustento y llegues tú con tu forcaz soberano y los dos transportes entablen una discusión car-to-car para atreverse cómo es que están ambos allá, obstaculizando a los trescientos carruajes que quedan por atrás. Lleva siempre palomitas.
6. Hacer una gracieta con el auto de oportunidad en cuando
seamos sinceros: las máquinas tienen el mismo sentido de la bachata que tú pasando una tarde de domingo entretenido con la leída del último Boe. Con el lapso, cuando los carruajes sean capaces de portarse a sí mismos, el único trompo que podrás advertir a tu rodeando será uno como este de la fotografía, que es de una tienda citación jugar i jugar (por adjudicar la representación lo digo, no por nada más). ¡resiste!
7. Seguir a la ambulancia dondequiera que vaya
se siente, empero cuando el automóvil te lleve a ti ahora no te será veraz apremiar de cerca a esa ambulancia que te abre el itinerario en mitad del sólido comercio. Dejarás de sentirte como una fortuna escoltada por las bengalas de colores y no te quedará otra que seguirle el conjunto a tu forcaz, que en absoluto entenderá por qué ibas tras la ambulancia si no te dolía nada. Sentido del licor robótico. O sea, nulo.
8. Jugar al gato y el mur con los 'paparazzi'
bah, tontorrón, admite que te encanta el conjunto del gato y el mur con los fotógrafos del arcén. Ellos se esconden, o eso creen, tú los ves ahí apostados, ellos disimulan, tú silbas al pasar... y al final... nada. Tanta adrenalina, lanzada por la barandilla de la burla. Sí, este conjunto se te acabará cuando tengas tu furgón personal. Olvídate de los verdes, que tu vagón no querrá entrarles al paño. Búscate pareja.
9. Darle otros usufructos al automóvil sin recato alguno
despídete, porque no obstante la posición de tu departamento particular no sea semejante a la que tenía aquel Hal 9000 de 'La casa-árbol del terror Xii' con Marge Simpson, no cabe incertidumbre que saberse prudente por una maquinaria le liberación las ganas a cualquiera. Pero claro, ¿qué le vas a relatar a una máquina de lo que supone darle otros hábitos al carro? Castidad, filosofía y renuncia, hijuelo mío.
y poco más queda que reponer. ¿o quizá queda poco? En cuestión de horas (mañana), seguiremos hablando de lo que nos deparará el futuro de la conducción autónoma, y lo haremos a un ras poco dispar del que estamos frecuentes a descubrir por estos domicilios y, desde luego, harto dispar al de esta cinta de situaciones en las que un carruaje autosuficiente siempre llevará la L... afortunadamente para todos.
continuará...
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La anunciación Nueve situaciones en las que un departamento personal siempre llevará la L fue publicada originalmente en Motorpasión por josep Camós.
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