a lo largo de los últimos años mucho se ha expuesto sobre el circuito de Nürburgring. Con la invasión de los videojuegos e internet, todos hemos albergado la ganga de "torcer" en él. Por otro costado, la extirpación abierta entre algunos fabricantes por conseguir el récord en el Nordschleife ha actuado que este abocetado sea uno de los reflectores de atención de la presente automovilística.
así que ricos podrían mascar que poco más queda por hablar del Nürburgring. Pero no es realidad. La usanza que allí se respira, sus elevaciones colosales y sus altibajos de rasante son algunos de los activos que no hay videojuego siquiera vídeo que puedan unificar. Y si todos estos prismas se combinan con una semblanza como las 24 Horas, la habilidad no tiene parangón. el Nürburgring, con su Nordschleife, supera todas las expectativas. Es el sol de los seguidores al motor.
en mi trance, cuando hace un año y ámbito me mudé a Alemania con la meta de acosigar notas esperas personales y gremiales, me hice una ofrenda a mí mismo: tenía que examinar el bojeo de Nürburgring durante mi quinta en el departamento tudesco. Y que mejor forma de guardar mi denuesto que cubriendo las 24 Horas de Nürburgring de la partida de Motorpasión.
me puse partidas a la faena y, a posteriori de unas cuantas direcciones con la estructura, me llegó un e-mail confirmando lo que había estado esperando durante tanto período: un pasaporte de laminadora que me daba golpe al infierno Verde. Había conseguido lo más complicado y, tras sugerir la data en la guía, nada más quedaba cargarme de entereza y articular los recorridos que faltaban para esta entrevista tan esperada en el almanaque automovilístico alemán.
finalmente llegó el week-end de la crencha y Alemania se sentía amenazada por lo que se conoce como el "Schafskälte" o "Frío de la oveja", una afluencia de neutral del cauro que se produce durante la segunda quincena de junio —época en la que se suele esquilar a las ovejas— y que hace que las temperaturas bajen de tradición dibujada. Ante estas panoramas, tras una dura semana oficial y cargado con una buena levita, pasé a cosechar mi Volkswagen Golf Mk7 de arriendo y enfilé acceso a Nürburg a toda premura. Casi 700 kilómetros de lontananza y seis pueblos federales me separaban de mi lirismo. Pero, por quiniela, las autopistas alemanas sin contorno de acrofobia hicieron que el día afuera mucho más llevadero.
llegué a las frías casualidades de Eifel —la fábula de la oveja resultó ser verdad— correctamente comunicación la alborada. A medida que me iba acercando a mi hado la impresión iba en ensanchamiento, más incluso al distinguir la prodigalidad de cáfilas aparcadas en el follaje, los vagones en las zanjas, las velas iluminando la oscuridad, la música de fondo... el Nürburgring era una bulla y yo iba a experimentar parte de ella, igual que steve Mcqueen en la quimérica imagen 'le Mans'. Pero como no soy el rey del cool y siquiera conducía un Porsche decidí, a pesar de las seducciones, irme matinal a la litera. Tenía dos viajes por adelante y mucho por ilustrar.
a las 8 de la amanecida del sábado me planté proporcionadamente peculiar al hotel Döttinger Höhe para allegar mi pasaporte de laminadora. Enseguida me di bolita de lo que significa el contorno por estos domicilios: fachadas decoradas con un sinfín de ológrafos de conductores y una escultural muestra de carruajes de modelismo dan un golpe singular a la admisión adonde se hospeda el grupo de explicación de la frontera.
pero, para desilusión mía, al allegar la credencial no recibí ningún kit de prensadora, así que me quedé sin souvenir por parte de la estructura. Y es que el realismo tudesco no contempla pólizas de este gachó: lo que no es difícil, demasía. Y si cuesta socorro, incluso más. Eso sí, como todo periodista muerto de apetito, me alegré mucho cuando me confirmaron que en la colección de laminadora había catering.
bromas aparte, lo cierto es que los beneficios que ofrece el Nürburgring son de 10. La profesionalidad alemana y las cimentaciones con las que tabla hacen que sea uno de los perímetros más completos, con una gran gama de dilemas tanto para enamorados como para laborales del borde. Es lo que se candela un Hub del motor, en otras palabras, un núcleo biológico en lo que refiere al automovilismo: Aston Martin, Bridgestone, Öhlins o Kumho son algunas de las ocupaciones que se tienen ubicación en las aledaños del bosquejado germánico.
finalizados los mandatos con la gente de laminadora llegó por cese el periquete de adentrarme en el las entrañas del autódromo. Me puse preparaciones a la manual y, tras aburrir portátil, garita de fotografías, cartilla, boli y todo lo urgente para cobijar la vía, accedí al foso que da paso al paddock. Y lo auténtico que me llamó la atención fue un anuncio original de los años 50 que con el lema: "jeder lobt was Nürburgring erprobt" (todos elogian lo que pone a experimientación el Nürburgring).
tras una primera arteria por la local de calandria y el paddock, aproveché para originar una visitante a Carlos Arimón, quien me enseñó las interioridades de su camión y de su box y me contó un rimero de detalles bastante interesantes sobre el discurrido. Como novicio en el Ring sus avisos valieron su impuesto en oro... El autódromo se fue llenando gradualmente aun que llegó la hora de pisotear el ripio del infierno Verde: hacia las 13:00 horas abrieron las ventanas de la barbacoa de salida para que el público pudiera gozar de cerca los Audi, Mercedes, Aston Martin, Porsche, Mclaren… Y, cerca de estas máquinas de bella ejecución, un sinfín de dignatarios de lo más interesantes: entre los más burlescos, un grupo disfrazado de Star Wars. Entre las celebrities más presticiosas, Nick Heidfeld (ex práctico de Fórmula 1) o Kazunori Yamauchi, padre de la epopeya Gran Turismo que posó para Motorpasión cerca de su Nissan Gt-r.
finalizada la junta de batientes abiertas desalojaron al público de la recta y me tocó ojear una buena actitud para notar el umbral de la arteria. Por estrella, pude unirme a un grupo de periodistas ingleses que me aconsejaron seguirles incluso la azotea Vip de Bmw, adonde me aseguraron que había las mejores audiencias del bojeo. Lo que no me dijeron fue que, a más, allí se servía la mejor cerveza. Tras presenciar la salida divida en tres órdenes, según la naturaleza, llegó la hora de la certeza: el envite al Nordschleife. Al resultarme increíble ganar uno de los suéteres que dan golpe a las regiones apartadas para fotógrafos, decidí entonar por libre y dirigirme con el Golf hacia Adenau.
esta entrada, acoplada hacia el kilómetro 7, permite un rápido paso a uno de los grados más hermosos del Nordschleife: curvatura a derechas, chicane en bajada y contra peraltada, un nuevo giro de derechas sajado, y otro de baboras que da arranque a una estrecha recta que enlaza con la subida hacia del Metzgesfeld. En total, tres kilómetros a queso en los que uno no puede ceder de divisar, absorto, esos automóviles de carreras con más de 500 cuadrúpedos de decisión circulando a más de 200 km/h por la escasa y ondulante huella del Ring.
cayó la indeterminación y, finalizada mi primera toma de tornillo por los boscajes del Nürburging, retomé mi legislatura de fotografías en los boxes, que a esas horas no respiraban tampoco mucho excepto el ambiente divertido de la antiguo. Inmersos de denso en la galopada, la agitación se podía guillotinar con un escalpelo. El forcejeo era emocionante: mecanismos de neumáticos en lo alto y debajo, conductores preparándose precipitados para trepar al automóvil, cambios motor, enmiendas improvisadas tras un accidente... Lo cierto era que, pasaban tantas cosas que sin darme escala se me hicieron las 2 de la amanecida. Así que decidí entonar a examinar un vericueto adonde anexar una cabezadita anticipadamente de que saliera el encanto.
domingo por la aurora, tras nuevo ataque por la galería de laminadora —era mi box personal adonde repostaba a basa de cafés y bocadillos— fui de nuevo a la partida de los aviadores gachupines para que me explicaran sus litografías: Carlos Arimón tuvo que darse por reparos en el diferencial de su Audi Tts. Era su primera madurez de indeterminación en Nürburgring y, entre risas, me contó lo enfadoso que puede conservarse a refluir el humo de las asadoras en algunos trechos de la rastra.
por su parte, el elenco de Nicolás Abril seguía en licenciatura a pesar de haber precipitado el motor de su Clio Rs y extraviar más de dos horas en el box. Fue este último quien me recomendó un nuevo trozo en el que ocupar algunas de las mejores fotografías del weekend. Hatzenbach, borde que une el proyectado Gran Premio con el Nordschleife y que sirve de precalentamiento para lo que viene posteriormente: probablemente los 20 kilómetros más duros que se pueden acertar en un autódromo de listas.
con la felicitación de retentiva sacando humo tras una buena y definitiva tanda de fotografías, pasé de nuevo por el paddock con anterioridad de combinar a la colección de calandria cuando...¡sorpresa! Me encontré a un corro de simpatizantes que habían ido desde Barcelona para presenciar la semblanza. ¡eso sí es calina por el motor! Tras cambiar reproducciones y desearles buen delirio de rotación —les esperaban 15 horas de trayecto— fui a despedirme de Nicolás y Carlos, que tanto me habían entrenado a lo largo del weekend.
presencié el final de la evidencia desde la galería de laminadora, adonde pude anunciar el desenlace de las 24 horas con colegas de todo el espacio: gabachos, germánicos, sajones y una gran embajada venida desde el Japón. Exhausto tras dos plazos de mucho recorrer y poco tender, me apresuré a llegar del autódromo para ausentarse a Berlín. Me esperaban otras 7 horas de día. Pero, como dice el adagio, sarna con gozo no pica.
finalizada una de las tentativas más recomendables e notables que he procedido en un contorno, no podía estar más eficaz. Las 24 Horas de Nürburgring son, debido a su medio ambiente, su tradición y su afectación, automovilismo en estado transparente. Y el Nordschleife, un cielo para los adoradores a la acrofobia.
jan Conesa es periodista de Motor y ayudante frecuente en comedias y filiales de ambientes. Este año ha alfombrado Las 24 Horas de Nürburgring para ofrecérnoslas de primera jugada en Motorpasión.
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La reseña Mis 24 Horas de Nürburgring (2). El infierno Cielo Verde fue publicada originalmente en Motorpasión por jan Conesa.
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